• 29 mayo 2014

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    Categoría : Opinion

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    2015, Año Europeo del Desarrollo

    El coordinador del Programa de Seguimiento de las Políticas Españolas de Cooperación de la Fundación FIIAPP, Javier Sota, analiza en este artículo los objetivos y perspectivas que se ha marcado la UE al designar el 2015 como Año Europeo del Desarrollo.

    El pasado 14 de abril, los ministros de Asuntos Exteriores de la Unión Europea, reunidos en Luxemburgo, aprobaron la declaración de 2015 como Año Europeo del Desarrollo. La UE proporciona ayuda a la cooperación al desarrollo desde 1957, a través de una política que ha ido progresivamente ampliándose hasta llegar a estar presente en más de 130 países en desarrollo.

    En la actualidad, la UE, junto con sus Estados miembros, constituye el mayor donante de Ayuda Oficial, con un volumen de 56.500 millones de euros en 2013, más de la mitad del total mundial. Además, también la UE es el primer donante de ayuda humanitaria y sólo en 2011 atendió a más de 150 millones de personas en 80 países.

    No es casual la elección de la fecha. 2015 será un año emblemático y crucial al menos por dos buenas razones. La primera, porque se trata del último año para la consecución de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), acordados conjuntamente por 189 Estados en septiembre del año 2000, ofreciendo una buena oportunidad para hacer balance de los compromisos internacionales logrados. La segunda, porque 2015 será el año en que deba tomarse una importante decisión internacional sobre la nueva Agenda de Desarrollo post-2015, que sustituirá a la de los ODM, y que será el marco de referencia para los próximos decenios.

    Incrementar el apoyo a la cooperación al desarrollo resulta absolutamente vital en un mundo que está cambiando rápidamente. La encuesta especial del Eurobarómetro de octubre de 2012, puso de manifiesto el fuerte respaldo de los ciudadanos de la UE (85%) a las ayudas a las poblaciones de los países socios. A pesar de la situación económica, más de seis de cada diez europeos consideran que deberían aumentarse estas ayudas.

    Sin embargo, al mismo tiempo, también la encuesta señala que los ciudadanos europeos carecen a menudo de información sobre la cooperación al desarrollo, sobre los motivos por los que es necesaria y sobre el valor añadido de la política de desarrollo de la UE. Por ejemplo, el Eurobarómetro reveló que el 53% de los encuestados manifestaba su total ignorancia en cuanto al destino de la ayuda de la UE. En general, los ciudadanos no son muy conscientes de la eficacia y los efectos positivos de la ayuda, que deben explicarse en términos menos técnicos y mucho más orientados a resultados e impacto sobre las poblaciones donde tienen lugar las intervenciones.

    La Fundación Internacional y para Iberoamérica de Administración y Políticas Públicas (FIIAPP) es uno de los actores más importantes con los que cuenta la Cooperación Española para participar en la Política de Desarrollo de la UE, en un ámbito tan relevante y necesario como la mejora del marco institucional de nuestros países socios. Desde su nacimiento en 1997, la FIIAPP ha gestionado más de 1.100 proyectos, con un presupuesto de unos 600 millones de euros, que en su gran mayoría han tenido financiación de la Comisión Europea (en 2012, cerca del 80% de su presupuesto provenía de fondos europeos).

    Para desarrollar su trabajo, la FIIAPP gestiona el Programa Twinning (más de 280 proyectos de hermanamientos con las Administraciones de 30 países del Este de Europa y del Mediterráneo), Proyectos de Asistencia Técnica Pública (ATP) en los que se movilizan anualmente más de 1.000 expertos y funcionarios públicos de la Administración española y europea, y, recientemente, operaciones de Cooperación Delegada.

    Como Programas regionales de especial relevancia en los que está trabajando la FIIAPP, cabe destacar algunos tan importantes como EUROsociAL, en el que se pretende promover un diálogo euro-latinoamericano de políticas públicas en torno a la cohesión social; URB-AL, programa de cooperación descentralizada dirigido a gobiernos regionales y locales de la UE y de América Latina; y COPOLAD, destinado a mejorar la coherencia, el equilibrio y el impacto de las políticas sobre drogas en América Latina y el Caribe.

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