• 25 junio 2014

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    Categoría : Opinion

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    Apoyo a la policía de Guinea Conakry en materia de violencia de género

    Actualmente, según la Organización Mundial para la Salud (OMS) hay en el mundo 140 millones de mujeres y niñas que han sufrido una mutilación genital. También se calcula que las más vulnerables son las africanas. Unas 92 millones de niñas y mujeres mayores de diez años en África la habrían sufrido. Guinea Conakry es uno de los países africanos donde más se lleva a cabo a pesar de considerarse ilegal desde 1965. Allí, la FIIAPP es uno de los gestores de un proyecto para incrementar la seguridad y su percepción por parte de la población. Elena González, que ha trabajado como formadora en este proyecto, nos acerca a esta realidad.

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    Yo no sabía nada sobre el tema de la mutilación genital más allá de lo que podía escuchar en breves noticias en la televisión y ha sido mi corta estancia de un mes en Guinea Conakry la que me ha abierto los ojos a esta dura realidad.

    Fuimos a Guinea, digo fuimos porque iba con un compañero de trabajo, a participar en unas jornadas de sensibilización contra la violencia hacia la mujer. Y está claro que cuando en ciertos países de África se habla de este tipo de violencia, se tiene que hacer una referencia a la mutilación genital femenina.

    Curiosamente, la charla de sensibilización la dio un especialista en la materia y si tengo en cuenta las estadísticas de esta región, de las aproximadamente 20 mujeres que estaban en el curso, por lo menos 19 deberían estar escindidas. Y es que en Guinea Conakry, el segundo país en este fenómeno, el 98% de las mujeres han sufrido algún tipo de alteración en sus órganos genitales.

    Y lo curioso era que entre los alumnos el rechazo hacia este tipo de prácticas parecía notable. Tuvo que ser un chico cristiano el que me diera una pista sobre el motivo de esta aparente incongruencia: “una mujer que no ha sido escindida está expuesta al rechazo de gran parte de la sociedad”. Las tradiciones siguen teniendo mucho peso en esta sociedad.

    Las consecuencias físicas para las mujeres que son víctimas de estas prácticas son increíbles y van desde todo tipo de problemas físicos y dificultades durante el parto, hasta consecuencias psicológicas que las acompañarán el resto de su vida.

    No quise profundizar en el tema con las alumnas para no incomodarlas, pero no pude evitar preguntar a alguna otra mujer fuera del entorno y nuevamente volví a sorprenderme con los resultados. No puedo decir que sean algo significativo, porque sólo hablé con dos chicas, las dos de menos de 30 años, pero ninguna de las ellas estaba escindida. Una en concreto tenía dos hijas y tenía claro que tampoco iba a hacerlas pasar por ese mal trago.

    Al parecer hay una parte de la juventud que empieza a reaccionar frente a este tipo de prácticas y esperemos que sea una actitud generalizada que revierta las estadísticas y permita a este país dejar de encabezar la lista de países que más la practican.

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