• 19 noviembre 2013

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    Categoría : Opinion

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    De receptores a socios de la cooperación

    La AECID cumple 25 años comprometida con el desarrollo de Iberoamérica

    La Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), que tengo el honor de presidir desde la Secretaría de Estado de Cooperación Internacional y para Iberoamérica, celebra su 25º aniversario de actuación en la lucha contra la pobreza y el fomento del desarrollo humano sostenible. Veinticinco años en los que hemos canalizado la solidaridad del pueblo español, una seña de identidad indiscutible de nuestro país.

    La cooperación con Iberoamérica está en el ADN de nuestra labor. Más allá del legado histórico que dejó el Instituto de Cultura Hispánica, germen de la Agencia en 1946, o el posterior Centro Iberoamericano de Cooperación, en 1977, los primeros proyectos que acometimos como donantes y como Agencia de Cooperación en los años 80 fueron en la región iberoamericana. Hoy, 25 años después, la Cooperación Española sigue estando comprometida con el desarrollo de Iberoamérica.

    En estos 25 años, la Cooperación Española, a través de AECID, ha venido construyendo un acervo común con América Latina en su acción global en favor de la lucha contra la pobreza. La presencia estratégica de nuestras Oficinas Técnicas de Cooperación, Centros Culturales y Centros de Formación, ha dado lugar a innumerables logros en favor de la mejora de las condiciones de vida, la gobernabilidad y el progreso de la ciudadanía latinoamericana.
    En estos 25 años, los proyectos de la AECID han beneficiado a millones de personas

    Durante estos 25 años hemos incidido no solo en los marcos normativos e institucionales de los poderes del Estado y de la sociedad civil, sino también en los valores, la profundidad y calidad de la democracia, la garantía y protección en el ejercicio de derechos y la legitimación de las políticas públicas en términos de inclusión social.

    Y ya hace años que observamos el impacto que los proyectos de la Cooperación Española han tenido en la vida de las personas: las redes de farmacias populares en Centroamérica han facilitado el acceso a la población más vulnerable a medicamentos esenciales; los 3,5 millones de personas que tienen hoy agua potable gracias al Fondo del Agua, que ya ha puesto en marcha 67 programas en 19 países para romper la brecha de acceso en la región; el sellado del vertedero más grande de América Latina, La Chureca, que ha mejorado condiciones de vida de miles de personas y transformando la situación ambiental de Managua; los 17.000 jóvenes que se han formado en la Escuelas Taller… En resumen, hemos sido testigos de los avances en la consecución de los Objetivos de Desarrollo, así como de la entrada de casi todos los países de América Latina y el Caribe (ALC) en el grupo de países de renta media (PRM).

    Pero sabemos el inmenso reto que afrontan para reforzar la seguridad y reducir las desigualdades, allí donde la pobreza alcanza casi al 30% de la población, y no dejaremos de apoyar su esfuerzo, ahora que han superado o están a punto de hacerlo, los procesos de desarrollo en los que les hemos acompañado.
    España ya no es un mero financiador y busca transferir experiencia
    y metodologías

    El dinamismo económico reciente ha propiciado un impulso renovado a la integración y nuevas formas y mecanismos de cooperación. Así, Latinoamérica está siendo un auténtico laboratorio de experiencias y de ideas que están sirviendo de referente a otras regiones. Su creciente pujanza y relativa estabilidad ha modificado la arquitectura de la cooperación, y la Cooperación Española no ha sido ajena a esta evolución. La demanda de cooperación de nuestros socios en América Latina ha cambiado definitivamente al igual que lo ha hecho la propia Cooperación Española, que no es ya un mero financiador y busca enriquecer el proyecto transfiriendo metodologías y experiencia.

    Hoy, la Cooperación Española, con una excelente capacidad técnica acumulada, acoge en Iberoamérica programas de cooperación delegada de la Unión Europea que dan muestra del buen saber hacer de la AECID.

    Muchos países se han convertido en socios para participar en el desarrollo de terceros a través de la cooperación triangular, un modelo de cooperación, que integra la solidaridad del Sur con el Sur que promueve una relación igualitaria entre socios, en la que cada uno aporta de acuerdo a sus capacidades económicas y técnicas. Un ejemplo de ello es la alianza establecida con Argentina y con México para diferentes acciones de reconstrucción y desarrollo en Haití, tras el terremoto que asoló el país a principios de 2010.

    Los lazos de nuestro país son más que evidentes, en lo histórico y lo sentimental, y se refuerzan en la actualidad con una cooperación centrada en la eficacia, calidad y la transferencia de conocimiento para reducir la brecha de desigualdad y reforzar la seguridad.

    Jesús Gracia es secretario de Estado de Cooperación Internacional y para Iberoamérica

    Artículo publicado en el diario “El Pais” el 11 de noviembre de 2013

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