• 29 diciembre 2014

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    Categoría : Entrevista

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    El sentido común al servicio de una mejor política migratoria

    Por Maxence Defontaine, compañero de la FIIAPP dentro del proyecto de migración 'El Proceso de Rabat'.

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    Lúcido y equilibrado, dos términos que deberían ser esenciales a la hora de desarrollar políticas migratorias adecuadas. Lúcido, porque es necesario observar la realidad migratoria tal y como es: un fenómeno originalmente connatural a la persona, pero que en la actualidad y como consecuencia de una desigualdad socioeconómica insostenible, se ha convertido en una realidad forzada para muchos. Y equilibrado, porque al ser la migración una realidad compleja, se requieren respuestas globales y transversales, que tengan en cuenta tanto la situación de los migrantes  como la de los países de origen, tránsito y destino.

    Estas ideas coinciden con los principios que han dado lugar al Proceso de Rabat, Diálogo Euro-africano sobre Migración y Desarrollo iniciado en Marruecos en 2006, cuyo fin es abordar cuestiones relacionadas con la migración Euro-africana y, más concretamente, con la ruta migratoria de África Occidental, adoptando un enfoque flexible y un espíritu de responsabilidad compartida.

    ¿Por qué hablar del Proceso de Rabat aquí?

    Está claro que los problemas y desafíos de la migración requieren respuestas políticas coordinadas, y para ser viables y realistas, deben de integrar las necesidades y los intereses de los principales actores involucrados. El Proceso de Rabat ha mostrado en estos últimos años su carácter mudable y evolutivo en el que las prioridades se definen tras  el intercambio y la discusión entre los países, las organizaciones internacionales y la sociedad civil.  A su vez, ofrece un enfoque equilibrado que permite paralelamente luchar contra la migración irregular, organizar la migración legal, y fortalecer las sinergias entre la migración y el desarrollo.

    ¿Por qué hablar del Proceso de Rabat ahora?

    El pasado 27 de noviembre, los Ministros, Secretarios de Estado y otros representantes de alrededor de 60 países de Europa, África del Norte, Central y Occidental, así como los Comisarios europeos y africanos responsables de políticas de migración, para el desarrollo y de relaciones externas, aprobaron en Roma la nueva declaración política del Proceso de Rabat y su programa de ejecución para el período 2015-2017.
    ¿Qué pensar del nuevo documento y de esta nueva etapa?
    Para conseguir metas factibles y compromisos cumplidos, el acuerdo debe de tener en cuenta la situación de cada país participante, y construirse en sintonía con las nuevas coyunturas y prioridades. Si no, está condenado al fracaso.
    La aceptación unánime de la “Declaración de Roma” supone ventajas y beneficios tanto para los socios africanos como los europeos, y revela una cierta adecuación al contexto actual.

    En efecto, el nuevo documento estratégico refleja las observaciones y preocupaciones de los últimos meses: una presión migratoria creciente a las puertas de la Unión Europea, y unas circunstancias de migración alarmantes generadas por la trata y el tráfico de personas que ponen en peligro miles de vidas.

    Así, la Declaración de Roma propone dos ejes temáticos prioritarios:

    El primer eje trata las causas profundas de la migración mediante la mejora de los marcos socioeconómicos con la promoción de los vínculos entre la migración y el desarrollo. En este sentido, el nuevo acuerdo promueve medidas concretas para mejorar la participación y la contribución de la diáspora en el desarrollo de sus países de origen. Se trata por ejemplo de favorecer las iniciativas empresariales en los sectores productivos con el uso de incentivos como la implementación de asociaciones público-privadas, fondos de garantía para las inversiones de los migrantes, programas de educación financiera, o la reducción de costos de las remesas.

    •  El segundo eje pretende reforzar la prevención y la lucha contra la migración irregular y especialmente  la trata de personas y el tráfico de migrantes. Se refiere evidentemente y sobre todo a las recientes tragedias del mediterráneo, mostrando una determinación por desmantelar el crimen organizado que se lucra de la desesperanza de los migrantes cuyo sueño de una vida digna se ve truncado.

    Asimismo, la nueva declaración promueve medidas preventivas de sensibilización y capacitación, medidas operacionales y coercitivas basadas en la cooperación entre países para la gestión conjunta de fronteras, la creación de patrullas mixtas y de servicios especializados en el control de los delitos transfronterizos; así como medidas legales y  formación del personal jurídico para mejorar los sistemas de acogida y de protección.

    De hecho, este nuevo acuerdo propone una nueva línea de trabajo principal, un pilar temático sobre la promoción del acceso a la protección internacional de los solicitantes de asilo y refugiados, una iniciativa muy relevante dado el contexto de los últimos años en África en el que se han multiplicado crisis y desplazamientos masivos de personas.

    Con esta nueva declaración, el Proceso de Rabat sigue promoviendo la cooperación entre los países para construir conjuntamente un enfoque global adaptado a los desafíos de la migración. Es más, inspira nuevos diálogos regionales: el Proceso de Jartum fue así inaugurado el 28 de noviembre pasado para responder a los retos de la ruta migratoria de África del Este.

    Lúcido y equilibrado, dos adjetivos que parecen acompañar estos procesos políticos, que aún requieren esfuerzos y compromiso para poner en práctica sus enseñanzas y lograr una migración elegida, legal y segura.

    Más información sobre el “Dialogo euro-africano sobre la migración y el desarrollo” (Proceso de Rabat) disponible en la página web: www.processusderabat.net

    Artículo previamente publicado en el blog 3500 Millones (El País).

    Las opiniones y comentarios vertidos en este blog son sólo responsabilidad de su autor

     

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