• 25 agosto 2017

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    Categoría : Opinion

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    Encerrado en mi país

    Helen Pardo reflexiona sobre el fenómeno migratorio y nos cuenta las dificultades a las que se enfrentan en Níger, uno de los focos donde operan las redes de tráfico de personas

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    Cada vez hablamos más de migración pero no siempre disponemos de la información necesaria que nos permite entender las causas de origen que llevan a un grupo de personas a cambiar de forma voluntaria o forzada de ciudad o de país; pero si lo pensamos, la migración forzada y el tráfico de personas han determinado la historia de la humanidad. Es el caso del periodo de colonización, donde los europeos protagonizaron el negocio de trata de esclavos, explotando a entre 10 y 15 millones de personas procedentes de los mismos países de los que son originarios gran parte de los migrantes que, a día de hoy, intentan llegar a Europa.

     

    La migración también ha estado muy presente en mi vida. Mi madre es finlandesa y mi padre español y he vivido los últimos diez años en diferentes países de Europa, Asia y África. En mi caso, la migración tenía como objetivo ganar conocimientos y tener nuevas oportunidades profesionales. Al igual que otras miles de personas, buscaba tener la oportunidad de mejorar mi calidad de vida.

     

    Desde marzo trabajo como coordinadora institucional en el proyecto ECI Niger lo que me permite conocer más en profundidad la complejidad de los movimientos migratorios.  En mi última misión a Niamey, pude conversar con unos artesanos a los que conocí en 2009 cuando trabajaba para la Agencia Española de Cooperación Internacional y Desarrollo. Me comentaron que desde hace un par de años no consiguen obtener los visados que les permitan viajar a Europa y poder vender sus joyas en las ferias de artesanía. Esta situación, sumada a la reducción de turistas en Niger y en otros países de la región, repercute gravemente en la economía de sus familias, empobreciéndolas y creando mucha frustración a los artesanos por no poder vender sus productos. Es también el caso de varios jóvenes con los que conversé y que afirmaban haber visto reducidas las oportunidades de obtener una beca de estudio, participar en un programa de intercambio o adquirir algún tipo de experiencia de trabajo en Europa.

     

    Pese a estos impedimentos y teniendo en cuenta que Niger protagoniza uno de los focos donde operan las redes de tráfico de personas, el porcentaje de población nigerina que migra a Europa es relativamente bajo. Estas redes, conectadas con Europa, se lucran directamente de la situación de vulnerabilidad de miles de las personas migrantes.

     

    El Gobierno nigerino es consciente de esta situación y está actuando a través del proyecto ECI, financiado por el Fondo Fiduciario de Emergencia de la Unión Europea, en la lucha contra el crimen organizado y la trata de personas. La Dirección General de la Policía Nacional de Níger afirma que, en muchas ocasiones, las propias víctimas de tráfico de personas no son conscientes de serlo, no conocen sus derechos y se exponen en la mayoría de los casos a la explotación por parte de los traficantes.

     

    Helen Pardo es coordinadora del proyecto ECI Níger para la lucha contra el crimen organizado y la trata de personas en Niger.

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