• 06 agosto 2014

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    Categoría : Opinion

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    La realidad social entra en las aulas

    Educación Fiscal en El Salvador, por Borja Díaz Rivillas FIIAPP/EUROsociAL

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    Descendemos desde San Salvador al Puerto de la Libertad, a 32 kilómetros de la capital. El municipio es un ejemplo de los esfuerzos del país centroamericano por generar espacios de convivencia y servicios públicos de calidad. Su malecón cuenta con un agradable paseo marítimo, un anfiteatro para eventos culturales y numerosos puestos de gastronomía y artesanía. Las familias pasean, frecuentan los restaurantes y disfrutan de vistas panorámicas del océano Pacífico. Los turistas hacen surf. El alumbrado llega a las zonas más deprimidas.

    Disfrutar de espacios públicos no es fácil en un país con altos índices de violencia y amplias brechas sociales. Los sectores con mayores ingresos optan por escuelas y hospitales privados; tampoco se comparten los ámbitos residenciales o de ocio. La falta de recursos del Estado salvadoreño acentúa esta situación. El país, uno de los más pobres de América Latina, tiene una carga fiscal baja, un 14,9 % del PIB frente al promedio de la región del 19,4%, el cual es poco más de la mitad que el de los países de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE).

    El pago de impuestos en El Salvador se considera con frecuencia una obligación a eludir antes que un deber cívico. La falta de compromiso y la desconfianza en el Estado crean un círculo vicioso. Los Ministerios de Hacienda y de Educación buscan caminos para romper este círculo: la educación fiscal es uno de ellos.

    Juan Carlos Ibarra, profesor en el Instituto Nacional del Puerto de la Libertad, nos abre su aula. En 2009 cursó durante siete meses un Diplomado de Educación Fiscal. Ese año la temática fiscal fue incluida por primera vez en los programas oficiales de estudio. Se desarrollaron materiales educativos, cursos de formación de docentes, espacios lúdicos y una semana de la cultura tributaria. EUROsociAL respaldó todo ese proceso; seis años después, volvemos a La Libertad para ver los frutos. El programa salvadoreño de educación fiscal fue galardonado en 2011 con el Premio Nacional a la Calidad y Mejores Prácticas. Hoy día es una referencia internacional.

    Juan Carlos manifiesta que, al principio, fue complicado. “Porque a uno, siendo ya adulto, no le gusta que le hablen de impuestos”, confiesa. Sin embargo, el resultado final fue satisfactorio: “Logré comprender, al igual que mis compañeros, la importancia de tributar. El país lo necesita, las comunidades lo necesitan”.

    Nos comenta la Viceministra de Educación, Erlinda Hándal, que pocos dimensionan la magnitud de la evasión fiscal y su impacto en la educación, la salud, en los programas sociales que no se realizan o quedan incompletos. “Eso nos golpea”, afirma.

    El Salvador necesita políticas que transformen la sociedad; por eso es fundamental educar en fiscalidad. Carolina Quezada, asesora del Ministerio de Educación, señala que los procesos a largo plazo son los que dan mejores resultados.Podemos tener reformas fiscales, pero si no cambiamos la mentalidad, los cambios no serán sostenibles ni transformadores”, subraya.

    La educación fiscal impulsa la comprensión ciudadana de lo importante que es pagar tributos, pero también el derecho a que lo recaudado se utilice de manera eficaz. Con la Ley de Transparencia y Acceso a la Información, los salvadoreños pueden ahora conocer mejor cómo se emplean sus impuestos. EUROsociAL se ha sumado a este empeño y está participando en un nuevo Diplomado sobre Educación Fiscal, transparencia y acceso a la información, así como en el refuerzo del organismo que garantiza ese derecho.

    El profesor Ibarra, como miles de docentes, promueve la cultura fiscal de manera creativa: “Intento que no sea solo técnico, lo vinculo a la realidad, y al final los estudiantes entienden que el pago de los impuestos está relacionado con el respeto a los bienes públicos”.Ibarra pide a los estudiantes que reflexionen sobre la importancia de preservar los materiales e instalaciones de la escuela y no dañar las farolas en el Puerto de la Libertad, farolas que llevan el alumbrado a las zonas más pobres gracias a la solidaridad de todos, y que cuiden las jardineras del paseo marítimo, algunas ya quebradas.

    Nos presentan a seis estudiantes que han cursado el Diplomado de Educación Fiscal. Se apasionaron con el tema y ahora, meses después, promueven de manera voluntaria iniciativas cívicas dentro y fuera del Instituto. En un programa de radio difunden sus conocimientos sobre tributación y ciudadanía. Reparten carteles y folletos en los parques, investigan en la alcaldía sobre el destino de los impuestos. Estudian los motivos que llevan a la gente a no pagar tributos. Tienen una página en Facebook y reconstruyen zonas dañadas de su escuela.

    Su próximo proyecto es dar charlas en otros siete colegios. Diego es uno de esos estudiantes: “Antes no teníamos conocimiento de lo que era la educación fiscal, ni de los tributos y su destino e importancia”.

    Muchos institutos del país son vulnerables a la violencia y los estudiantes afrontan tanto los problemas sociales como las dificultades económicas de sus propias familias. La delincuencia vinculada a las bandas afecta a los centros escolares y, en ocasiones, como sucede en el Instituto de La Libertad, obliga a la presencia de las fuerzas armadas. A pesar de todo, estos jóvenes están motivados para cambiar sus condiciones de vida, para hacer un país mejor. Como destaca Carolina Quezada: “los jóvenes se motivan a partir de los nuevos conocimientos, apropiándose de oportunidades para hacer mejores cosas. Es más, ellos poseen el deseo de transmitir los aprendizajes a otras personas, porque ahora saben del beneficio que conlleva para el país el contar con mayores recursos”.

    Abandonamos el Instituto de La Libertad, cuyo acceso custodian cuatro militares armados, una escena que contrasta con el mural escolar del muelle de La Libertad, lleno de colores vivos del atardecer.

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