• 10 septiembre 2014

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    Categoría : Opinion

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    Más que rejas

    Hace siete años, la densidad carcelaria en Argelia era de 170 reclusos por cada 100 plazas en centros penitenciarios construidos durante la época colonial (1830-1962). Hoy, es de 150 por cada 100, se cuenta con prisiones que cumplen los estándares internacionales de detención y con un cambio de mentalidad: los centros penitenciarios son lugares para la reinserción social de los reclusos. Este es el resultado de más de un lustro de trabajo, apoyado por un programa financiado por la Comisión Europea (CE) y gestionado por la FIIAPP, para comenzar a reformar el sistema penitenciario del país norteafricano.

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    “Evidentemente, las condiciones de encarcelamiento afectan a la posterior reinserción y a la prevención de la reincidencia”, sentencia la asistente social Mercedes Herrera. La superpoblación carcelaria es la punta de un iceberg del que emergen múltiples consecuencias como problemas sanitarios o de convivencia que ponen trabas a la reinserción social de los reclusos. Herrera, que a su vez es una de las expertas enviadas por la FIIAPP a Argelia para participar en el proyecto de la CE con el que se ha apoyado la reforma del sistema penitenciario argelino: Programa de apoyo a la reforma del sistema penitenciario en Argelia 2008-2014”, asegura que esta red de problemáticas impide llevar a cabo tratamientos individualizados con los reclusos dirigidos a su rehabilitación.

    “Hasta ahora se creía, y no sólo en Argelia, en esta visión caduca del tratamiento penitenciario con el que a través del trabajo y la instrucción se hacía un trabajo de rehabilitación: si somos capaces de que la gente pueda desempeñar un trabajo y la formamos, entran analfabetos y salen con estudios. En esto solo consistía la rehabilitación de la población penitenciaria. Eso se ha visto y se ha comprobado que no es así”, analiza Andreu Estela, coordinador por parte de la FIIAPP del Programa. A día de hoy, Argelia ha asumido todas las directrices y recomendaciones de la ONU y del Consejo de Europa para introducir en sus centros penitenciarios el tratamiento individualizado para los reclusos.

    En los años previos al comienzo del Programa, el número de personas en prisión había aumentado dado a que cada vez eran más los delitos de delincuencia común, tráfico de estupefacientes o terrorismo. Cuando los reclusos ingresaban en el centro penitenciario, recibían un tratamiento común. “Hoy en día, al interno se le hace una evaluación diagnóstica cuando ingresa en prisión y a partir de ahí se le establece un programa de tratamiento individualizado en función de su delito y problemática”, detalla Estela. Un tratamiento, además, dirigido por personal especializado contratado a raíz de esta reforma como psicólogos, trabajadores sociales, maestros, formadores o monitores. El experto de la FIIAPP asegura que esta dinámica cambia la funcionalidad del sistema penitenciario argelino. “Se ha puesto al día y al mismo nivel que tenemos en Europa”, apunta.

    Con este Programa, marco de trabajo entre el Ministerio de Justicia argelino, la Delegación de la Unión Europea y la Dirección General de la Administración Penitenciaria y de la Reinserción Social de España, Argelia se ha inspirado en normas y estándares internacionales para la reforma de su sistema penitenciario, ha desarrollado un plan de construcción de 80 nuevos centros, de los cuales ya hay 13 en activo, se han mejorado las instalaciones y se han desarrollado cursos y talleres de formación para los presos y también para el personal. “Antes había 133 centros penitenciarios y ahora 131, pero se cuenta con más plazas”, contextualiza Estela. Con todas estas medidas se ha empezado a oxigenar el sistema penitenciario argelino y a reducir la densidad carcelaria, aunque todavía sobrepasa los límites: 150 reclusos por cada 100 plazas. El experto de la FIIAPP califica como “positiva” esta cifra. “Aunque el éxito fundamental ha sido el cambio de mentalidad en el tratamiento de los reclusos”, apostilla.

    En 2013, según el Centro Internacional de Estudios Penitenciarios y en base a datos oficiales, Argelia, un país con cerca de 37 millones de habitantes, contaba con un total de 60.000 reclusos. La densidad de población detenida en el país continúa creciendo (160 personas por cada 100.000 habitantes), especialmente por delitos de carácter común como robos. En su reforma penitenciaria, Argelia también se ha planteado introducir medidas como alternativa a la prisión como los trabajos para la comunidad. De este modo, reduciría la superpoblación penitenciaria, pero aún no se han desarrollado en su plenitud.

    Mujeres y menores

    El Programa con el que se ha apoyado la reforma del sistema penitenciario argelino también se ha centrado en el colectivo de mujeres y en el de menores. Aunque en Argelia el porcentaje de reclusas es menor frente al de los hombres, sólo el 1% de la población reclusa son mujeres, el estigma que sufren tras pasar por prisión llega a marginarlas y discriminarlas. “Por la idiosincrasia social, religiosa y cultural argelina, sus dificultades de reinserción son mucho mayores. En muchos casos son rechazadas por sus familias y se quedan sin ningún tipo de apoyo en el exterior”, analiza Mercedes Herrera.

    Con el fin de que al salir de prisión tengan más posibilidades de reinserción, desde el Programa se han estudiado las condiciones de estas mujeres y se han elaborado informes y propuestas para que tengan más posibilidades de reinserción una vez cumplidas sus condenas.

    En el caso de los menores, Argelia ya tiene puesto el foco en este colectivo, que puede ser penado a partir de los 13 años, y les brinda asistencia formativa y laboral durante y después de su periodo de retención en centros de menores. Mediante este Programa, el país norteafricano ha contado con el punto de vista de expertos de diferentes países europeos y se han desarrollado propuestas para mejorar las condiciones de vida del colectivo.

    “Una prisión, además de ser un lugar donde una persona cumple su condena, también tiene que estar dirigida a la reinserción social de la persona que lo cumple”, resume Herrera.

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