• 05 diciembre 2019

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    Categoría : Opinion

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    Europa y América Latina, juntas contra el cambio climático

    Iosu Iribarren, técnico del área de Estrategia de la FIIAPP, nos da su visión personal sobre la COP25 y cómo afrontar el reto del cambio climático.

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    Iosu Iribarren en la COP25

    31 de octubre.  No paran de sonar los teléfonos. Y en silencio el «tic, tac» del reloj nos recuerda que es tiempo de actuar. Quedan cuatro semanas para que comience la COP25. Será en Madrid, apenas hay tiempo, y se apodera de todos nosotros una vigorizante mezcla de ilusión, confianza y nervios.

    Chile ha decidido, acertadamente, atender a las demandas sociales, que no pueden esperar. Y como la lucha contra el cambio climático también apremia, triunfa la solidaridad en forma de cooperación y multilateralidad.

    La COP25 es la última cumbre antes de la entrada en vigor del Acuerdo de París en 2020. Estados Unidos ya ha anunciado que abandona el barco y Greta, qué elocuente paradoja, nos cuenta por streaming su viaje en velero hacia la Cumbre. Mientras, la Unión Europea, América Latina y los demás países (hasta 196) se mantienen firmes en su compromiso de completar el artículo 6 – todavía en construcción – para crear un marco común para la compensación de emisiones de CO2.

    En el horizonte se dibujan un futuro neto en carbono y una transición energética global justa. La Agenda 2030 impregna el ambiente, nos marca el camino a seguir y nos ofrece un lenguaje común sobre el que promover – desde Iberoamérica, eso no ha cambiado – un desarrollo sostenible en sus tres dimensiones.

    La semana del 2 y del 13 de diciembre son la ocasión ideal para intercambiar perspectivas y poner en común los retos, las dificultades y las soluciones que, juntos, vamos encontrando para la adaptación y la mitigación del cambio climático. Diálogo político y diálogo de políticas: así, la COP25 será una plataforma para dar voz a América Latina y su agenda de adaptación.

    Los océanos son los protagonistas de esta Cumbre, a raíz del último informe del IPCC. Y es, en este contexto, que el océano Atlántico se presenta como puente para dos continentes unidos frente a los retos del cambio climático. Al pabellón de la presidencia chilena se suman el de Colombia (es la primera vez que el país tiene pabellón en una Conferencia del Clima), España, la Unión Europea  y EUROCLIMA+ para contar al resto del mundo nuestros esfuerzos en materia de cooperación climática.

    México aprobó su primera ley de cambio climático en 2012 y la reformó en 2018, al tiempo que Perú aprobaba su propia norma. Chile y España se encuentran en proceso de aprobación de sendos proyectos de ley y, en Panamá, recién arranca el diseño de su ley climática. Cuba, por su parte, aborda ahora la creciente inclusión de energías renovables en su matriz energética.

    ¿Experiencias similares o distintas? ¡Lo iremos descubriendo a lo largo la COP25! Lo que está claro es que no podemos eludir diseñar, implementar y evaluar las políticas públicas con la reducción de las desigualdades y la búsqueda de una vida próspera para todos en el centro, para un futuro inclusivo y sostenible, sobre la base de un compromiso con el medio ambiente.

    Domingo 1 de diciembre. Está todo listo para la Cumbre. Los teléfonos se calmaron y se vuelven a escuchar las agujas del reloj. Las próximas fechas – 2020, 2030, 2050 – están cerca. Pero el ritmo ya no lo marca sólo el «tic, tac»; desde el pasado día 2 se suman las voces de América Latina y de Europa que se han encontrado más que nunca en la COP25 .

     

    A Alma y Carolina, compañeras de FIIAPP, y al equipo del Alto Comisionado para la Agenda 2030: gracias por vuestra ilusión y vuestras ganas contagiosas.  

     

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