• 27 febrero 2020

    |

    Categoría : Opinion

    |
    facebook twitter linkedin

    Regreso al Futuro: perspectivas de la Cooperación Española para los años 20

    David R. Seoane, técnico de comunicación y gestión de conocimiento de la FIIAPP nos propone esta reflexión sobre las oportunidades y desafíos que la nueva década plantea para la cooperación española

    imagen_blog
    Fotografía de cooperantes españoles. Autor: Miguel Lizana (AECID)

    En 1985 Martin McFly calibraba el “condensador de fluzo” de su viejo DeLorean para viajar al futuro, concretamente al 21 de octubre de 2015. Apenas un mes antes de la llegada de McFly, la Asamblea General de las Naciones Unidas había aprobado la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible. Una hoja de ruta centrada en las personas, el planeta, la paz, la prosperidad y las alianzas que representa el compromiso internacional de erradicar la pobreza y favorecer un desarrollo sostenible e igualitario. Una suerte de viaje al futuro que, dentro de diez años, debería llevarnos hacia un mundo más justo y en el que nadie se quede en el pasado (atrás).

    La Cooperación Española, con los años 20 ya en marcha y a una década vista del feliz aterrizaje en un futuro sostenible, tiene mucho que decir y decidir en estos años. Un trayecto, seguramente no tan instantáneo como el de la máquina del tiempo del doctor Emmett Brown (Doc), en el que se prevén oportunidades y desafíos. Pues bien, subámonos al DeLorean y veamos.

    Comienza una nueva década y con ella una nueva etapa para la Cooperación Española en la que la asunción de Arancha González Laya como nueva ministra de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación parece una buena noticia por su perfil marcado por el multilateralismo tras sus responsabilidades en la Unión Europea y la Organización Mundial del Comercio (OMC). De hecho, no se hizo esperar. Desde el momento de su nombramiento, anunció que colocaría entre las prioridades de su mandato el reenfoque de la política de cooperación internacional.

    Y lo cumplió. La creación de una Secretaría de Estado dedicada en exclusiva a la cooperación, al frente de la cual ha sido nombrada la diplomática Ángeles Moreno, también supone a priori un buen síntoma del peso específico que el Ministerio de Asuntos Exteriores quiere darle a las políticas sectoriales en favor del desarrollo internacional. La otra parte (la geográfica) del antiguo título de la secretaría, “y para Iberoamérica y el Caribe”, se integra ahora en la cartera con más competencias: la Secretaría de Estado de Asuntos Exteriores. “Spain is back, Spain is here to stay” (España está de vuelta, España ha venido para quedarse), declaró González Laya al tomar posesión, el pasado 13 de enero.

    La oportunidad que representa una estabilidad política e institucional, al menos en principio más duradera que a la que hemos estado acostumbrados, también trae consigo un cuadro de desafíos a los que la Cooperación Española tendrá que hacer frente y tomar partido en el viaje desde el ahora hasta el futuro. Algunos de ellos son el aumento progresivo de los recursos públicos para la cooperación, tras los años de austeridad por los vaivenes de la crisis; afrontar la reforma de la Ley de Cooperación Internacional (Ley 23/1998, de 7 de julio), como piden con insistencia muchas voces desde la sociedad civil; o plantear seriamente el debate sobre la creación de una nueva institución (o reforma del sistema de cooperación tal y como lo conocemos) que tenga un cariz económico-financiero al estilo del banco de desarrollo francés (AFD). Por ahí, se dice, viene la cooperación del futuro. Envuelta en la bandera del blending virtuoso y el policies first. Cooperación técnica acompañada de líneas de crédito que permitan el levantamiento de infraestructuras y favorezcan la inversión privada. Apalancamiento de recursos (AOD y otros flujos) y de conocimientos, en el que cada vez más actores tengan voz y voto. Porque, esto del desarrollo es cosa de todas.

    De momento, la semana pasada, en la comparecencia de la ministra ante la Comisión de Asuntos Exteriores del Congreso de los Diputados estos temas se pusieron encima de la mesa. Se habló de la reforma de la AECID, de una nueva ley, del compromiso de España con la Agenda 2030 y con el Fondo Conjunto de los ODS (Joint SDG Fund) e incluso se anunció la voluntad del Gobierno de dedicar a la cooperación el 0,5% de la Renta Nacional Bruta (RNB) al final de la actual legislatura. Llegan buenos augurios para el futuro, sin olvidar donde estamos. Los últimos datos oficiales (Informe de Seguimiento de la AOD 2016-2017) nos sitúan hoy en el 0,19%, muy por debajo de la media de la UE.

    Un peldaño más arriba, en el ámbito de la Unión Europea corren también nuevos tiempos con la puesta de largo de la Comisión Von der Leyen. En materia de cooperación, las prioridades de DEVCO (Dirección General de Cooperación Internacional y Desarrollo de la UE) son claras: pacto verde, pobreza, equidad de género, mejora en la gestión de las migraciones, promoción de la sociedad civil a nivel global, África y Agenda 2030. En el plano europeo, la Cooperación Española tendrá que hacer suyas estas líneas de acción aportando su saber-hacer para fortalecer las políticas europeas de desarrollo. El papel de la FIIAPP aquí, como agencia implementadora solvente, es fundamental para seguir contando con la confianza de Bruselas.

    En el contexto de las difíciles negociaciones del nuevo Marco Financiero Plurianual de la Unión (2021-2027), la previsible irrupción del NDICI (Neighbourhood, Development and International Cooperation Instrument), como nuevo instrumento aglutinador de todos los preexistentes en materia de desarrollo, pretende cambiar las reglas del juego en un intento por crear sinergias y aumentar la efectividad de los fondos europeos. De producirse, la adaptación a la nueva norma será un desafío. Por el momento, la AECID comienza la década en clave de oportunidad presidiendo la Practitioners Network que reúne y coordina a las principales agencias de cooperación europeas.

    También el debate sobre el desarrollo en transición es una temática en la que la Cooperación Española estará potencialmente activa. El término, acuñado por la Comisión Europea, la CEPAL y el Centro de Desarrollo de la OCDE, invita a reflexionar sobres los retos inmediatos que afrontan las políticas de cooperación en los países de renta media (PRM) que ya han dejado de ser receptores oficiales de AOD a pesar de no haber superado numerosas brechas estructurales. En América Latina lo son la mayoría. El vínculo de confianza mutua que España mantiene con la región abre una ventana de oportunidad para nuestra cooperación. Históricamente hemos sido agente facilitador del diálogo birregional que, en palabras de Sanahuja “urge retomar” entre una UE y una América Latina y el Caribe sentadas a la mesa de un nuevo paradigma basado en la cooperación avanzada.

    Por otra parte, no hay que desdeñar el importante rol que podrían jugar en los próximos años otras instituciones del sistema de cooperación español como la Fundación Carolina en el ámbito de la educación superior y la generación de conocimiento. Sin duda la materia prima de nuestro trabajo y la moneda de cambio más valiosa del futuro: el conocimiento. Ni tampoco las múltiples instituciones y organizaciones españolas que encajan en la etiqueta de cooperación descentralizada. Un modelo de cooperación multiactor y multinivel netamente exportable, siendo España el país en el que este tipo de cooperación tiene más peso de entre los miembros que componen el Comité de Ayuda al Desarrollo (CAD). Una oportunidad en tanto que valor añadido de nuestra cooperación, pero un desafío a la hora de afrontar retos constantes como el de la eficacia de la ayuda o el de la coordinación entre actores.

    Y así, entre desafíos y oportunidades, transcurrirá el viaje al futuro que queremos. En los años que vendrán, la Cooperación Española tiene en su mano la posibilidad de refrendar con resultados un dato precioso que esperemos nos siga acompañando durante la próxima década: según el último Eurobarómetro la población española es la que más apoya en Europa la política de cooperación internacional como una de las prioridades principales de su Gobierno.

    Arranca una década apasionante en la que como dijo el inolvidable Marty en uno de sus viajes en el tiempo, “quizás no estemos preparados todavía para esta música, pero les encantará a nuestros hijos”. Tenemos una década por delante para hacer que los coches vuelen y de paso que nuestra cooperación para el desarrollo sea más moderna y eficaz. Empiezan los felices 20.

    David R. Seoane. Técnico de Comunicación y Gestión de Conocimiento de la FIIAPP

    Las opiniones y comentarios vertidos en este blog son sólo responsabilidad de su autor.