• 03 diciembre 2019

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    Una excepción dolorosa

    La periodista Vicky Bendito nos cuenta su experiencia personal marcada por los retos que le planteó nacer con síndrome de Treacher Collins

    Cuando mi madre me trajo al mundo, el diagnóstico que le dieron a mis padres fue que yo era “retrasada”. Me pregunto qué hubiera sido de mi si se hubieran conformado con aquel diagnóstico, si no hubiera tenido detrás un entorno estimulante, si no hubiera nacido en un país europeo.

    Yo nací con el síndrome de Treacher Collins, una malformación craneofacial congénita rara, discapacitante e incurable que afecta a dos de cada 100.000 personas. Los que tenemos este síndrome nacemos sin pómulos, con microtia (es decir, sin una o ambas orejas), la mandíbula no nos crece, tenemos la faringe muy estrecha y, en ocasiones, también nacemos con el paladar abierto, lo que nos confiere un rostro muy característico y nos ocasiona diversos problemas oculares (sequedad y úlceras en la córnea), digestivos (no pueden comer bien), respiratorios (apneas) y auditivos (sordera), entre otros.

    Una vez que supieron lo que tenía, mis padres tuvieron claro que tenían que hacer de mí una persona autónoma. Me llevaron a un colegio de educación especial, donde me pusieron mi primer audífono, me dieron muchísimas clases de logopedia y me enseñaron a leer los labios. De ahí, con ocho o nueve años fui a un colegio ordinario donde fui pasando los cursos con más o menos fortuna, sin apoyos técnicos especiales más allá de mi audífono retroauricular y de sentarme en primera fila para que escuchara mejor a los profesores.

    Recuerdo mi infancia feliz, con mis hermanos, los amigos, los veranos en la sierra, los primos, una adolescencia horrible, tras lo que llegó una etapa relativamente satisfactoria. Hubo dos etapas claramente diferenciadas en mi vida: una en la que lo que más pesaba era mi rostro, esa fisonomía que a mí me gustaba cuando me miraba al espejo pero que provocaba rechazo por no cumplir los cánones de belleza impuestos, y, otra, en la que lo que más pesaba era mi discapacidad.

    La primera es la que comprendió mi etapa adolescente, la segunda se hizo patente al incorporarme al mundo laboral. ¿A quién se le ocurre nacer sorda y hacerse periodista? ¡A mí! Y ya llevo 25 años en ejercicio, 20 como periodista de una agencia de noticias y 5 en el departamento de comunicación de una gran empresa que tiene la inclusión laboral como uno de sus principios.

    Ha sido a lo largo de estos años cuando no sólo he sido consciente de lo adelantados a su época que fueron mis padres, pues nací en un tiempo en el que las personas con discapacidad éramos considerados una desgracia familiar y un lastre para la sociedad (inválidos, deformes, inútiles, anormales o deficientes son algunos de los sustantivos con los que se referían a nosotros). A lo largo de estos años, he sido consciente de la suerte de nacer en un país europeo, y de lo injusto que es que tu vida sea tan distinta por tener una condición que no has elegido en un lugar determinado.

    Para mí, la determinación de mis padres fue fundamental para convertirme en la mujer que soy. Hace poco me contaba una persona que había conocido el caso de una mujer de casi 30 años, sorda, que utiliza audífonos para escuchar, pero que oye muy poco y que ha estado toda su vida tan sobreprotegida que no estudió una carrera, ni aprendió lengua de signos, tiene un trabajo no cualificado y no sabe dar un paso sin su familia. Es mucho más joven que yo, hija de la democracia, europea, nacida en una sociedad que ha ido cambiando su mirada hacia la discapacidad, ahí están las leyes que se han ido aprobando a lo largo de nuestra historia en pro de nuestros derechos. Tenía factores favorables para su desarrollo personal, pero su familia, ese pilar tan fundamental en el desarrollo de cualquier niño, pero especialmente de los que tienen discapacidad, la ha convertido en una inútil. No es el único caso que me llega. Y duele. Duele que estas cosas sigan pasando en países europeos, y si pasan en Europa, qué no ocurrirá en países menos desarrollados.

    El 15% de la población mundial tiene alguna discapacidad, más del 80% son pobres, el 50% de las personas con discapacidad no tiene acceso a la sanidad, un porcentaje muy pequeño trabaja (varía de un país a otro), no entro a valorar si en un empleo con un sueldo decente o no. La gran mayoría de los más de 1.000 millones de personas con discapacidad que hay en el mundo vive en países en vías de desarrollo.

    La discapacidad es una condición que, quienes la tenemos, no elegimos, una condición que supone un factor de empobrecimiento, de discriminación, de desigualdad en cualquier parte del mundo pues, incluso en los países más avanzados son muchas las barreras, la primera de ellas es la falta de accesibilidad, que impiden nuestra inclusión, nuestra participación en la sociedad como ciudadanos de pleno derecho.

    Yo tengo discapacidad, tengo una vida independiente, he podido estudiar y sigo haciéndolo, trabajo en la profesión que elegí, tengo acceso a la atención sanitaria… pero soy la excepción, no la norma. Una excepción dolorosa y vergonzosa difícilmente entendible. Y cuando echo un vistazo a las estadísticas, no puedo evitar preguntarme qué hubiera sido de mi si mis padres se hubieran conformado con aquel desacertado primer diagnóstico, con aquel «su hija es retrasada».

    Más información en: Vicky Bendito

  • 26 septiembre 2019

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    Lengua de signos, una herramienta de inclusión para las personas con discapacidad

    Desde 2018, el 23 de septiembre se conmemora el Día Internacional de la Lengua de Señas y desde la FIIAPP nos queremos unir a esta celebración mostrando cuál es la situación actual de las personas sordas y cómo ha sido acogida esta discapacidad y la lengua de signos por los Estados y la sociedad

    Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), “466 millones de personas en todo el mundo padecen pérdida de audición discapacitante, de las cuales 34 millones son niños”. Se entiende por pérdida de audición discapacitante una pérdida de audición superior a 40dB en el oído con mejor audición en los adultos, y superior a 30dB en el oído con mejor audición en los niños. En este sentido, la OMS destaca que la mayoría de las personas con pérdida de audición discapacitante viven en países de ingresos bajos y medianos. 

    Asimismo, según la Federación Mundial de Sordos, existen aproximadamente 72 millones de personas sordas en todo el mundo. Más del 80 por ciento vive en países en desarrollo y, como colectivo, utilizan más de 300 diferentes lenguas de señas. 

    Si hablamos de cifras concretas, en la Unión Europea, Francia encabeza el país con mayor número de personas signantes con 300.000, seguida de España con 100.000 e Inglaterra con 77.000.  

    La Fundación CNSE destaca que la “comunidad sorda conforma una minoría lingüística y sociocultural y la lengua de signos es el elemento de cohesión en este grupo”. Pero ¿a qué nos referimos con comunidad sorda?: “Con el término comunidad sorda hacemos referencia al tejido social formado por personas sordas que utilizan la lengua de signos y comparten experiencias y objetivos. Son personas con conciencia de una identidad común que mantienen un compromiso individual con el grupo, cooperando en una u otra medida con él”, señala Amparo Minguet, vicepresidenta de la Confederación Estatal de Personas Sordas (CNSE).  

    «La lengua de signos estaba mal vista; el sistema educativo no permitía su aprendizaje. Nuestro colectivo ha sido maniatado -y no lo digo en sentido figurado- a lo largo de su historia. Pero la sociedad, la misma que en el pasado nos escondía y se avergonzaba de nuestra lengua natural, ha cambiado», reconocía Luis J. Cañón, ya ex presidente de la Confederación Estatal de Personas Sordas. 

    A partir de los años 70, diversos grupos de personas reivindicaban la lengua de signos y la cultura. Diferentes disciplinas científicas, a través de estudios e investigaciones, ratifican la existencia de dicha lengua y su cultura dando así importancia a la preservación de sus valores y rasgos culturales. 

     

    Situación de la lengua de signos en distintos países 

     

    Actualmente, hay ocho Estados que reconocen la lengua de signos oficialmente en sus constituciones. En otros países se ha optado por un reconocimiento de la lengua de signos estatal implícito en el desarrollo de normas jurídicas y políticas públicas, generalmente en la educación.  

    En 1988, el Parlamento Europeo aprobaba por unanimidad una resolución que solicitaba a todos los países el reconocimiento de la lengua de signos. 

    En el caso de África, países como Uganda, Kenia o Sudáfrica si la han reconocido y han proporcionado a la comunidad sorda los recursos necesarios para su inclusión 

    Por otro lado, Centroamérica y América Latina cuentan actualmente con políticas de integración para personas con discapacidad. 

    Asimismo, Nueva Zelanda considera la lengua de signos como una lengua oficial, a diferencia de Turquía que no tiene ningún reconocimiento oficial sobre la misma.  

     

    Día Internacional de la Lengua de Señas 

     

    La Asamblea General de Naciones Unidas señala el día 23 de septiembre como el Día Internacional de la Lengua de Señas. Este día internacional fue celebrado por primera vez en 2018 en el que la Asamblea establecía que el acceso temprano a la lengua de señas y a los servicios en este lenguaje, incluida una educación de calidad en esa lengua, es vital para el crecimiento y el desarrollo de las personas sordas y decisivo para el logro de los objetivos de desarrollo sostenible”.  

    Asimismo, la Asamblea destaca la importancia de considerar y aplicar, centrándonos en el tema que nos ocupa, el principio de nada sobre nosotros sin nosotros”. 

    La Federación Mundial de sordos (DMA), que consta de 135 asociaciones nacionales de sordos como representantes de aproximadamente 70 millones de personas sordas en todo el mundo, fue la encargada de proponer la celebración del Día Internacional de la Lengua de Señas el 23 de septiembre. Esta fecha fue elegida con el fin de conmemorar el establecimiento del DMA en 1951 en Roma. 

     

    Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad  

     

    La Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (CRPD), es un instrumento internacional de derechos humanos de las Naciones Unidas destinado a proteger los derechos y la dignidad de las personas con discapacidad. Se trata de la primera convención de derechos humanos que se abre a la firma de las organizaciones regionales de integración, en la que se fija un cambio paradigmático de las actitudes y enfoques en relación a las personas con discapacidad.  

     

    Agenda 2030 y ODS 

     

    El principio fundamental de los objetivos de desarrollo sostenible (ODS), acordados en la Agenda 2030, es ‘no dejar a nadie atrás’. En este sentido, se ha comenzado a desarrollar un nuevo modelo que tiene en cuenta la diversidad de capacidades en la sociedad, poniendo el foco en las mujeres y las niñas con discapacidad, ya que son las que mayor riesgo de vulnerabilidad y exclusión social tienen. Según destaca el Comité Español de Representantes de Personas con Discapacidad, CERMI, están tomando fuerza “debates como la relación entre discapacidad y pobreza, la contribución que las personas con discapacidad pueden realizar al resto de la sociedad, la relación entre discapacidad y desarrollo tecnológico, y otros”. 

    Tanto la sociedad como las instituciones deben unirse para trasladar las necesidades que tienen las personas con discapacidad para mejorar su situación actual. En este sentido, la cooperación internacional juega un papel relevante para llevarlo a cabo, ya que es herramienta primordial para que los gobiernos den visibilidad a este sector de la sociedad. 

    El ODS 5 de igualdad de género, el ODS 4 centrado en educación de calidad e inclusiva, el ODS 8 de trabajo decente y el ODS 10 de reducción de desigualdades, tienen una estrecha relación con la importancia de la inclusión de las personas con discapacidad. Asimismo, si hablamos de inclusión, debemos destacar el ODS 11 de ciudades y comunidades sostenibles, en el que se debe integrar el concepto de accesibilidad universal a la hora de realizar infraestructuras esenciales en servicios de salud básicos.  

     

    Bridging The Gap 

     

    La FIIAPP gestiona el proyecto, financiado por la Unión Europea, Bridging The Gap, cuyo objetivo es reducir la exclusión social de las personas con discapacidad en los países de renta media y baja de África y América Latina. Los países beneficiarios de este proyecto son Ecuador, Paraguay, Burkina Faso y Etiopía.  

    Según señalaba el secretario permanente del Comité Nacional Multisectorial para la Protección y Promoción de las personas con discapacidad en África, Boukary Savadogo, en el evento anual celebrado por Bridging The Gap en noviembre de 2018 en Madrid, “en Burkina Faso las personas con discapacidad no son bien acogidas”, pero para mejorar esta situación, este país “está en línea con los ODS y la Agenda 2030”.  

    Con Bridging The Gap se contribuye al compromiso de potenciar y promover la inclusión social, económica y política de todas las personas, meta del décimo objetivo de desarrollo sostenible.  

  • 28 marzo 2019

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    8 de marzo: en busca de la igualdad

    El Día Internacional de la Mujer se ha convertido en uno de los días internacionales más reivindicativos del año. Desde la FIIAPP tomamos conciencia de la importancia que tiene la inclusión de género en nuestros proyectos y apostamos por un plan de igualdad en la Fundación

    Actualmente, habitamos en el planeta alrededor de 7.550 millones de personas. Según datos de Naciones Unidas, un 49,5% son mujeres, lo que se traduce en 3.712 millones 

    Son muchos los obstáculos a los que se enfrenta la mujer por el simple hecho de serlo. El informe elaborado por la OCDE “Perseguir la igualdad de género: una batalla cuesta arriba”, pone de manifiesto que la mujer sigue en desventaja en todos los ámbitos de la vida y en todos los países respecto al hombre. 

     

    El informe mundial sobre salarios 2016/2017 elaborado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) destaca que la brecha salarial aumenta a medida que los salarios se ven incrementados. En este sentido, en España, según datos de 2016, la brecha salarial entre géneros fue del 14,9% frente al 16,7% de la media europea, según destaca el informe de Eurostat. 

     

    Asimismo, de todas las personas que viven en extrema pobreza, un 75% son mujeres y niñas. Del total de niños que no asisten a la escuela, un 60% son niñas y, aunque las mujeres producen la mitad de la comida existente, solo poseen un 1% de las tierras cultivadas 

     

    8 de marzo, Día Internacional de la Mujer 

    tw_mujer-1024x512-jpgEl Día Internacional de la Mujer Trabajadora fue institucionalizado por las Naciones Unidas el 8 de marzo de 1975 con el nombre de Día Internacional de la Mujer. Sin embargo, este día fue celebrado por primera vez el 19 de marzo de 1911 en Europa, concretamente en Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza, ampliándose desde entonces su conmemoración al resto de países.  

     

    Año tras año, el 8 de marzo se ha convertido en uno de los días internacionales con mayor impacto en la sociedad, convirtiéndose en una jornada de reivindicación a nivel mundial en el que las mujeres unen sus fuerzas para reclamar la igualdad de género y una sociedad más justa. A esta jornada, cada vez son más los hombres que se suman y toman conciencia del problema de desigualdad al que se enfrentan las mujeres. 

     

    “La igualdad de género es, fundamentalmente, una cuestión de poder. Vivimos en un mundo dominado por los hombres, con una cultura dominada por los hombres. Solo cuando entendamos los derechos de las mujeres como un objetivo común, como una ruta hacia el cambio en beneficio de todos, comenzaremos a inclinar la balanza”, ha destacado en su mensaje del Día Mundial de la Mujer de 2019 el secretario general de Naciones Unidas, António Guterres. 

     

    «Pensemos en igualdad, construyamos con inteligencia, innovemos para el cambio” 

    Este año 2019, el lema del Día Internacional de la Mujer ha sido “Pensemos en igualdad, construyamos con inteligencia, innovemos para el cambio”. Bajo este lema se sitúa a la innovación por parte de las mujeres en el centro de sus esfuerzos para lograr la igualdad de género, ya que para ello se necesitan innovaciones sociales válidas tanto para hombres como para mujeres “sin dejar a nadie atrás”.
     

    Movimiento #Metoo 

    Al igual que el 8 de marzo las mujeres aúnan sus fuerzas para alzar su voz a favor de la igualdad de género, el movimiento #Metoo se ha convertido en un movimiento de denuncia durante los 365 días del año. A través de él, las mujeres de todo el mundo han tenido la oportunidad de contar sus experiencias en las redes sociales, denunciando casos de abuso sexual y recibiendo apoyo.  

     

    ODS 5: Igualdad de género 

    Según destaca Naciones Unidas “la igualdad entre los géneros no es solo un derecho humano fundamental, sino la base necesaria para conseguir un mundo pacíficopróspero y sostenible”. Con motivo del cumplimiento de la Agenda 2030, la igualdad de género también ocupa uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, el número 5, con el que se busca poner fin a todas las formas de discriminación contra todas las mujeres y niñas en todas partes, eliminar todas las formas de violencia que sufren, así como adoptar y fortalecer políticas sólidas y una legislación aplicable para la promoción de la igual de género, entre otras muchas metas. 

     

    Asimismo, las personas con discapacidad también sufren desigualdad de género, especialmente si hablamos de acceso a la educación. Según señala Ola Abu Ghraib, directora de Investigación e Influencia Global en la Organización Leonard Cheshire, “se deben mejorar los mecanismos para integrar a las niñas con discapacidad en el sistema de educación, e integrar el género en la Agenda 2030”.  

     

    La FIIAPP y la transversalización de género 

    Con motivo del Día Internacional de la Mujer, la FIIAPP celebró, el pasado 7 de marzo, una mesa redonda que contó con la presencia de la delegada del Gobierno para la Violencia de Género, Pilar Llop Cuenca, y la directora deObservatorio Español del Racismo y la Xenofobia (OBERAXE), Karoline Fernández, quien destacó la situación de discriminación que sufre la mujer inmigrante en nuestra sociedad. La conclusión de este debate fue la importancia que tiene el “movilizarse y sensibilizar sobre violencia de género a través de la educación”.  

     

    La FIIAPP quiere posicionarse como la primera fundación del sector público de la cooperación española que aplica, tanto a nivel interno como externo, la inclusión de género. En este sentido, la Fundación está desarrollando un plan de igualdad que tiene como fin ofrecer las mismas oportunidades entre hombres y mujeres en la institución. 

     

    Siguiendo esta línea, la FIIAPP ya trabaja con diversos proyectos que cuentan con esta inserción de género, como son EUROsociAL+EL PacCto: Apoyo a AMERIPOL o el proyecto Convivir sin discriminación. 

     

    Según Manuel Sánchez, técnico de proyectos de la FIIAPP, la Fundación “tiene dos retos principales: uno es incluir el enfoque de género dentro de la casa con un plan y con un programa específico para ello y por otro lado la responsabilidad que tenemos los distintos trabajadores y trabajadoras de transversalizarlo en nuestros proyectos”. 

     

  • 21 marzo 2019

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    Posteado en : Entrevista

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    “Todo se ve diferente cuando nos ponemos en la piel de la otra persona”

    Hoy, 21 de marzo, es el Día internacional para la eliminación de la discriminación racial. Para celebrar esta fecha, charlamos con Lucía Molo, técnica del proyecto Convivir sin discriminación

    Hoy es el día internacional de la eliminación de la discriminación racial, ¿para qué crees que sirven los días internacionales?

     

    La iniciativa promovida por Naciones Unidas de marcar en el calendario días internacionales, tiene entre sus objetivos llamar la atención y sensibilizar a la opinión pública respecto a una problemática en cuestión. Son asuntos sobre los que todavía queda mucho por trabajar, por lo que son la excusa perfecta para recordar a la sociedad y a sus gobiernos que deben actuar al respecto.

     

    ¿Qué es la discriminación racial?

     

    Según se recoge en la normativa de la Unión Europea, se dice que hay discriminación racial directa cuando existe un trato menos favorable hacia una persona fundamentado por motivo de raza, color, lengua, religión, nacionalidad u origen nacional o étnico de lo que sea, haya sido o vaya a ser tratada otra en situación comparable. También reconoce que la discriminación puede existir no sólo cuando se trata de modo diferente a personas en situaciones si­milares, sino también cuando se trata de forma idén­tica a personas en situaciones diferentes. Esta última forma de discriminación se denomina «indirecta» por­que no es el trato lo que difiere, sino sus efectos, que afectan de distinto modo a personas con caracterís­ticas diferentes.

     

    Cotidianamente se producen en nuestro entorno incidentes discriminatorios a causa del origen racial o étnico, afectando a personas refugiadas e inmigrantes, a la comunidad gitana, así como a otros grupos vulnerables. Si nos detenemos por ejemplo a leer anuncios de ofertas de empleo, con mucha seguridad encontraremos alguno en el que se especifica de manera clara una preferencia por candidatas/os de origen español, excluyendo de esta forma a la población extranjera.

     

    ¿Crees que la ciudadanía está comprometida con este tema? ¿Más o menos que antes?

     

    Creo que la sociedad, desde un punto de vista general, no ejerce una discriminación intencionada ni voluntaria hacia personas de otra raza o etnia. Factores como el desconocimiento, el temor a lo diferente, los prejuicios o la desinformación favorecen las situaciones de discriminación. Pero también considero que son elementos que pueden surgir como consecuencia de una implicación política insuficiente que debería, desde mi punto de vista, centrar más esfuerzos en la prevención, sensibilización e información de la población.

     

    De hecho, Naciones Unidas reconoce un aumento del populismo nacionalista, con ideologías de supremacía extrema y superioridad racial, produciendo de esta forma más movimientos racistas. En el último informe de la relatora especial sobre las formas contemporáneas de racismo, discriminación racial, xenofobia y formas conexas de intolerancia de la ONU de agosto de 2018, explica el uso contemporáneo de la tecnología digital en la propagación de intolerancia neonazi y formas conexas de intolerancia. Señala tendencias y declaraciones recientes de exaltación del nazismo y otras prácticas que contribuyen a fomentar las formas contemporáneas de racismo, discriminación racial, xenofobia y formas conexas de intolerancia.

     

    ¿Cómo se puede prevenir la discriminación?

     

    En primer lugar, el derecho a la no discriminación se debe apoyar con instrumentos jurídicos garantistas que ayuden a prevenir este tipo de situaciones. Además, se deben reforzar acciones de información, formación y sensibilización en interculturalidad y ética de la tolerancia. Tanto a la ciudadanía, como al personal de las administraciones públicas.

     

    Por otro lado, es importante que haya un acompañamiento de las políticas públicas que garantice la no discriminación. España ha puesto en marcha diferentes acciones en este sentido: la creación de un Observatorio Español del Racismo y la Xenofobia (OBERAXE) en el Ministerio de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social, la creación de la figura de los fiscales delegados para los delitos de odio y la discriminación dentro del Consejo General del Poder Judicial, la puesta en marcha de un sistema de recogida de incidentes relacionados con los delitos de odio y la discriminación en el Ministerio de Interior o el Servicio de Asistencia a Víctimas de Discriminación Racial o Étnica del Ministerio de la Presidencia, Relaciones con las Cortes e Igualdad.

    ¿Se trabaja desde la FIIAPP este tema? ¿De qué manera?

     

    La FIIAPP trabaja directamente en la lucha contra la discriminación racial a través de un proyecto de cooperación delegada en el Reino de Marruecos llamado “Convivir sin discriminación: un enfoque basado en los derechos humanos y la dimensión de género” financiado por el Fondo Fiduciario de Emergencia para la Estabilidad en África de la Unión Europea. En su gestión participan la FIIAPP y la AECID. Cuenta además con la colaboración de instituciones españolas y marroquíes como el OBERAXE, el Ministerio delegado encargado de los Marroquíes Residentes en el Exterior y de los Asuntos Migratorios y el Consejo Nacional de Derechos Humanos de Marruecos.

     

    ¿Cuál es el objetivo de este proyecto?

     

    El proyecto tiene como objetivo principal reforzar los instrumentos y políticas públicas dirigidos a prevenir y combatir el racismo y la xenofobia hacia la población migrante en el Reino de Marruecos. Busca fortalecer las capacidades de actores institucionales y no estatales clave (sociedad civil, medios de comunicación, sector privado…) en la implementación de iniciativas de prevención del racismo y la xenofobia hacia la población migrante, a través del acompañamiento, el intercambio y la transferencia de conocimientos.

     

    ¿Alguna reflexión sobre el tema que nos haga pensar a todos?

     

    Una de las reflexiones que surgió repetidamente durante el taller organizado por el programa EUROsociAL+ sobre movilidad humana el 19 de marzo fue que todo se ve diferente cuando nos ponemos en la piel de la otra persona.

     

    Me gusta la idea que plantea la ONG Movimiento contra la Intolerancia de que solo existe una sola raza: la raza humana. Si las personas empezamos a vernos como hermanas y hermanos, estoy segura de que no tardaría en llegar el momento en que no tuviéramos razones para seguir celebrando este día.

  • 30 noviembre 2017

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    Acortando distancias para no dejar a nadie atrás

    El proyecto Bridging the Gap quiere contribuir a la implementación efectiva de las políticas inclusivas para personas con discapacidad en cinco países de renta media y baja: Burkina Faso, Ecuador, Etiopí­a, Paraguay y Sudán

    Según el Informe mundial sobre discapacidad elaborado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Banco Mundial (BM), las personas con discapacidad representan aproximadamente el 15% de la población mundial, de las cuales el 80% viven en países en desarrollo. De acuerdo con estas cifras, el vínculo entre discapacidad y pobreza es más que evidente. Sin embargo, el desarrollo inclusivo con enfoque de discapacidad aún no está lo suficientemente integrado en los proyectos de cooperación internacional.

     

    Los países en vías de desarrollo están haciendo grandes esfuerzos por incluir a la población con discapacidad en el diseño de sus políticas públicas, pero en la práctica siguen encontrando muchas dificultades para implementar esas polí­ticas debido a la falta de recursos económicos y profesionales.

     

    Precisamente ese objetivo de contribuir a la implementación efectiva de las políticas inclusivas para personas con discapacidad es el que persigue Acortando distancias (Bridging the Gap), un proyecto financiado por la Unión Europea para promocionar los derechos y la inclusión efectiva de las personas con discapacidad en cinco países de renta media y baja (Burkina Faso, Ecuador, Etiopí­a, Paraguay y Sudán).

     

    Para ello, el proyecto plantea acciones concretas en cada uno de los paí­ses beneficiarios en función de las necesidades planteadas por las instituciones públicas y las organizaciones de personas con discapacidad de cada paí­s. Así­, en Burkina Faso estará centrado en la mejora en el acceso universal a la salud de las personas con discapacidad; en Ecuador, en el derecho a la educación inclusiva de los niños con discapacidad; en Etiopía, en promover un nivel de vida adecuado y la protección social de las personas con discapacidad; en Paraguay, en la mejora de la recolección y sistematización de datos sobre discapacidad y en el fomento de la educación inclusiva; y en Sudán, en mejorar el acceso universal al empleo para personas con discapacidad.

     

    El hecho de plantear cinco acciones-país concretas hace que se puedan obtener resultados visibles y, lo que es más importante, permitir que los países se apropien de esos resultados. Bridging the Gap aspira a que las buenas prácticas que se generen en este proyecto sean replicables, queden recogidas gracias a una estrategia de gestión del conocimiento y puedan ser llevadas a un nivel transversal global, fomentando el mainstreaming de la inclusión de las personas con discapacidad en la cooperación internacional.

     

    Los cinco ámbitos en los que se focaliza el proyecto están contemplados en la Convención de los Derechos de las Personas con Discapacidad (CDPD), el instrumento internacional para la protección de los derechos y la dignidad de las personas con discapacidad. En su artículo 32, la Convención establece que todos los Estados Partes deben velar porque todas sus acciones en el marco de la cooperación internacional, incluidos los programas de desarrollo, sean inclusivos y accesibles a las personas con discapacidad. Además, la promoción de los derechos de las personas con discapacidad está reforzada por los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible y del nuevo Consenso Europeo sobre Desarrollo aprobado por la Unión Europea.

     

    La inclusión del enfoque de discapacidad en la cooperación internacional es, por tanto, un tema urgente para cumplir de manera eficaz los Objetivos de Desarrollo Sostenible y no dejar a nadie atrás. Bridging the Gap trabajará para sentar unas bases sólidas que permitan conseguirlo

     

    El proyecto Bridging the Gap se presentará oficialmente el próximo martes, 5 de diciembre, en Bruselas, en el marco de la European Disability and Development Week (EDDW).

     

    Carmen Serrano es Técnico de Comunicación de Bridging the Gap II

  • 07 septiembre 2017

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    «Es frecuente que no se comprenda nuestro derecho a la autonomía»

    Olga Montúfar, ‎presidenta de la Fundación Paso a Paso y de la Red Global de Personas Indígenas con Discapacidad, nos habla sobre su trayectoria como defensora de los derechos de las personas indígenas con discapacidad

    Olga nació hace 38 años en México en el seno de la comunidad indígena San Miguel Totolapan en el Estado de Guerrero. Como consecuencia de la poliomelitis, tiene una discapacidad motriz que le impide caminar.

     

    Ingeniera de formación, las dificultades a las que tuvo que enfrentarse para encontrar un trabajo acorde con su profesión hicieron que decidiese dedicarse a trabajar en la defensa de los derechos de las personas con discapacidad.

     

    El pasado mes de julio participó como experta externa en el seminario de inicio de Bridging the Gap II, proyecto financiado por la Unión Europea y liderado por la FIIAPP cuyo objetivo es contribuir a la inclusión socioeconómica, la igualdad y la no discriminación de las personas con discapacidad en los países de ingresos bajos y medios mediante el fortalecimiento de instituciones y políticas más inclusivas y responsables.

     

    En él participan, tres agencias de cooperación de la Unión Europea (Austria, Italia y España), una organización europea de personas con discapacidad (EDF), una red de organizaciones de discapacidad y desarrollo (IDDC), la Dirección General de Cooperación Internacional y Desarrollo de la Comisión Europea (DG DEVCO), además del Ministerio de Asuntos Exteriores de Finlandia y el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, en calidad de observadores.

     

    ¿Cuáles son los principales problemas a los que se enfrentan las personas indígenas con discapacidad?

     

    El principal problema que enfrentamos es que esa doble identidad hace que en muchas ocasiones no exista claridad sobre qué administración es responsable de elaborar la política pública o los programas a favor de las personas indígenas con discapacidad.

     

    Las propias personas indígenas con discapacidad también presentan esa misma confusión. Muchas personas que se encuentran dentro del movimiento de pueblos indígenas se identifican únicamente como indígenas y no como personas con discapacidad y viceversa.

     

    Además, nuestra participación activa es poco visible y a menudo los familiares, la falta de recursos económicos y la falta de accesibilidad limitan nuestra participación.

     

    En el caso de las mujeres se da, además, una situación de triple interseccionalidad y riesgo de discriminación múltiple en base a género, identidad indígena y discapacidad. ¿Cuáles son los retos específicos de este colectivo? ¿Qué avances se han dado en la situación de las mujeres indígenas con discapacidad?

     

    Las mujeres indígenas se enfrentan principalmente a las estructuras machistas de nuestros gobiernos autónomos, el atraso educativo y el escaso respaldo de otras mujeres indígenas.

     

    Estas limitaciones se multiplican en el caso de las mujeres indígenas con discapacidad debido a que las negociaciones sobre su participación en la sociedad se inician en su entorno familiar donde es frecuente que no se comprenda el derecho a la autonomía que tenemos.

     

    ¿Qué medidas se deben tomar para asegurar que las personas indígenas con discapacidad se beneficien de la protección de la CDPD (Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad) del mismo modo que otras personas con discapacidad?

     

    El desafío más importante es comprender el pluralismo jurídico que existe dentro de los sistemas indígenas y no caer en la confusión de identificar a las comunidades indígenas con las zonas rurales puesto que no siempre es así y esto que hace que, por ejemplo, se diseñen políticas pensadas para zonas rurales que no siempre puedan ser aplicables en las comunidades indígenas que viven en entornos urbanos.

     

    Las zonas rurales están regidas por los instrumentos jurídicos que el Estado diseña. En cambio, las comunidades indígenas se rigen bajo usos y costumbres establecidos por los ancestros desde sus orígenes y, con el tiempo, van añadiendo nuevos acuerdos de convivencia social adecuados a las nuevas generaciones.

     

    Además, es necesario realizar una interpretación rigurosa de la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas sobre los derechos que establece la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad. Por ejemplo, la Declaración no menciona el tema de la accesibilidad, pero sí habla del derecho a gozar de nuestros territorios, lo cual requiere que contemos con mecanismos que nos garanticen el acceso a ellos.

     

    Bridging the Gap II cuenta con la participación de una organización europea de personas con discapacidad (EDF) y una red de organizaciones de discapacidad y desarrollo (IDDC), ¿Cómo valora la incorporación de organizaciones de la sociedad civil a los proyectos de cooperación internacional?

     

    Generalmente las organizaciones de personas con discapacidad somos consultadas cuando en los proyectos se exige nuestra participación, pero pocas veces contamos con la capacidad económica para llegar a los lugares donde se centralizan la información y los proyectos.

     

    Esto hace más difícil que además de ser consultadas, podamos participar como actores directos de esos procesos. Por eso pienso que es un gran acierto que se incluyan organizaciones de la sociedad civil que puedan acompañar el proceso de manera que aporten la experiencia de vida y soluciones más cercanas a la realidad.

     

    Usted participó como invitada externa en el seminario de inicio de Bridging the Gap II, ¿Cómo fue su experiencia en esta reunión? ¿Cuáles piensa que son los principales retos de este proyecto?

     

    Para mí fue una gran experiencia porque fue la primera vez que pude estar presente en el inicio de un gran proyecto. Considero que el principal reto de este y otros proyectos que trabajan en temas de discapacidad y desarrollo es poder contar con una buena información procedente de actores de base.

     

    Para eso es muy importante que las organizaciones de personas con discapacidad o de los pueblos indígenas incluyan a personas indígenas con discapacidad que aún vivan en sus comunidades de origen porque muchas de las organizaciones y líderes sociales en este ámbito nunca han estado en una comunidad indígena y asumen que las necesidades son iguales en todas ellas, pero cada comunidad es diferente, igual que no es lo mismo una comunidad indígena que una zona rural, ni tampoco un entorno urbano.